Todos aquellos que se dedican o pretendemos dedicarnos a la psicología sabemos que está maldita. Cuando comunicamos cual es nuestra vocación a otras personas, los efectos son diversos y variados pero, como en todo, existen ciertas tendencias ya clásicas al pronunciar las palabras mágicas.
Normalmente sale el genio negro de su lámpara haciendo galantería de su gran conocimiento concluyendo con total desacierto "La psicología no es una ciencia". A ver quién es el valiente que se atreve a rebatirle y presentarle argumentos, porque nos podemos pasar horas y horas explicando una y otra vez lo mismo para que el susodicho termine cerrando el ciclo con un rotundo "lo que tu digas"
Otras veces salen los desconfiados advirtiendo "no te pienso contar mis sueños" "A mi no me psicoanalices". Por más que a todo el mundo se le venga Freud a la cabeza cada vez que escucha la palabra Psicología, lo cierto es que el psicoanálisis no es más que una de las miles de corrientes que albergan en ella. Pero bueno, la desconfianza no deja de ser una duda así que, con un poco de paciencia, podemos llegar a transmitirles que pueden estar tranquilos e incluso llegar a debatir un rato sobre el tema.
Y finalmente tenemos a los "expertos" de San Google que no dudan en usar la psicología según les parezca, normalmente para etiquetar o hacer daño y excepcionalmente para ponerse en el lugar del otro, lo que confirma la norma. Así, en numerosas ocasiones, a muchos nos sangran los ojos y los oídos cuando vemos o escuchamos como la gente relaciona el TOC con TPA, el TAG con TPL y la depresión con las ganas de llamar la atención. Con estos debatir es completamente imposible. No es necesario exponer los motivos.
Todo ello es una pequeña muestra de que la psicología no sólo es la gran desconocida sino que siempre ha estado muy infravalorada, estereotipada y estigmatizada. Está maldita. Y de la misma manera, aquellos que hemos visto en esta ciencia nuestra vocación adolecemos de los mismas problemas. También somos infravalorados, estereotipados y estigmatizados. Estamos malditos y condenados a ser evaluados bajo un criterio de decisión ridículo. Esto queda patente en esa especie de consenso social que existe sobre las características que debe poseer un "buen psicólogo" y que es tan radicalmente tajante que roza el absurdo.
En primer lugar y lo más importante es que hay que ser "muy bueno escuchando a la gente" Porque en realidad de eso hablan nuestros infinitos libros, mayoritariamente de como aprender habilidades de escucha activa. Lo de comprender sin juzgar, tener objetividad, asertividad y otras muchas cualidades no deben ser muy relevantes. Sobre todo eso de comprender.
Pero además también debe claudicar ante cualquier ataque aunque le lancen a la vez cuatro bombas de destrucción masiva. Porque un psicólogo no puede ofenderse ni defenderse. Como se le ocurra mostrar su desacuerdo, el otro se transforma en Samuel L. Jackson para recordarle que "su nombre es Yahvé y su venganza caerá sobre él" con eso de "y tu precisamente que eres psicólogo deberías saber/hacer/ser". Pero ¡ojo! Samuel L. Jackson también regresa a la escena si el estudiante o psicólogo en cuestión tiene alguna clase de dificultad para autorregular sus emociones, adaptarse a esa sociedad que no para de juzgarle y/o caer en algún proceso que implique un desajuste ya sea temporal o permanente. Entonces volvemos a la carga "y tu que eres psicólogo deberías saber/hacer/ser". Porque ¡Claro que si! El psicólogo debe y tiene que ser capaz de gestionar por si sólo sus problemas como cualquier cirujano se extirpa su propio apéndice.
Y finalmente, nuestra favorita: para ser un buen psicólogo también hay que estar "loco". Según nuestra erudita y eminente sociedad que todo lo cataloga y lo etiqueta a la perfección, los psicólogos tienen que estar muy mal de la cabeza. Porque si no cómo va a ser posible que se pasen el día hablando de Wundt, Skinner, Freud, Watzlawick, Sazs y "otros pirados que se fumaban véte tu a saber que mierdas". Aquí vemos nuevamente a los expertos diagnosticando con total coherencia: el abuso de sustancias es la causa más común esquizofrenia, ¡Cómo no nos dimos cuenta!
En realidad todas estos estereotipos y muchos más que no merece la pena ni mencionar son cuanto menos ridículos. Porque más allá de cualquier clase de etiqueta un psicólogo es ante todo una persona de carne y hueso. Que sufre mucho más porque conoce mucho más y que conoce mucho más porque está constantemente aprendiendo. Que observa reflexiona e interpreta y que tiene que debatirse doblemente entre lo que su corazón quiere y su razón determina. Que no acepta verdades absolutas, ni patrones rígidos, ni dicotomías entre malos y buenos. Que bucea sin bombona ni linterna en un profundo y oscuro océano tratando de comprenderse a sí mismo y al resto para actuar en consecuencia, a pesar de que salga mal herido en el encuentro.
Pero sobre todo es alguien que no se da nunca por vencido. Aunque no consiga resolver el problema, aunque se equivoque, aunque tropiece con todas las dimensiones posibles de la piedra. Porque nuestra maldición también es el oxígeno que nos empuja a seguir sumergidos en ese infinito mar incierto de nuestra maravillosa e increíble ciencia.




