La
norma subjetiva es la percepción sobre las presiones sociales para
realizar una determinada conducta e incluye, tanto la percepción de las
creencias conductuales que las personas relevantes poseen acerca de si se debe
o no realizar una acción, como la motivación del individuo en satisfacer las
expectativas de estos. Los referentes pueden ser desde un individuo que resulte
relevante para la persona, hasta un grupo social, una comunidad, etc. El
incumplimiento de las normas subjetivas no implica una sanción
institucionalizada, pero si conlleva algún tipo de recriminación o reproche
social.
Nos
guste más o menos la norma subjetiva ejerce un gran poder en nuestras
decisiones, presionándonos socialmente para que cumplamos con una serie de hitos
que se consideran normativos para cada edad, como estudiar, independizarse,
encontrar un trabajo estable, casarse, tener hijos... Cuando no se siguen estos
pasos según lo sugerido por nuestra sociedad, o no se alcanzan determinados
logros de forma voluntaria, el entorno nos presiona para que, de una manera u
otra, tomemos el camino que con tanto esfuerzo han construido Disney, la Iglesia
y nuestro primitivo sistema educativo.
Toda
esta presión se manifiesta en una serie de preguntas control que hacemos a los
demás para verificar si efectivamente han cumplido con lo previsto. Así, cuando
uno se independiza la retahíla de preguntas absurdas comienza a quebrantar esa
libertad recién adquirida "¿y para cuando el novio? ¿Y para cuando la
boda? ¿Y para cuando los hijos?" Todas estas preguntas sin duda son
incómodas, pero la última es especialmente dañina para una mujer.
En
primer lugar porque le niega el derecho básico de su libertad de elección. Se
asume implícita y explícitamente que, por el hecho de ser mujer, una debe
desear ser madre y quien no lo desea es menos mujer. Esto sin duda es una
auténtica falacia. Una mujer no deja de ser mujer por no desear ser madre. Una
mujer, ante todo, es una persona individual que tiene el mismo derecho que su
homólogo del sexo opuesto a decidir lo que desea y no desea en su vida. Sin
embargo cuando una mujer manifiesta su deseo de no tener hijos es visto en ella, no así en el hombre, como algo contra natura. La discriminación hacia la
mujer empieza aquí, desde el eslabón más básico. Su género.
¿Dónde está escrito que para ser mujer hay que ser madre? En ninguna
parte. Como tampoco está escrito que debemos ser guapas, presumidas y delgadas,
pero este tema lo dejaremos para otro día.
En
segundo lugar y no por ello menos importante, la pregunta de por si entraña una
crueldad intolerable hacia aquellas mujeres que, aun deseando ser madres, no lo
consiguen. Pero en esta realidad, que es mucho más amplia de lo que creemos, nadie piensa. Así justificamos nuestra inocencia al inmiscuirnos en lo que
no nos concierne cuando en realidad estamos clavando un cuchillo en las
entrañas de una persona de la que probablemente no sepamos absolutamente
nada. ¿Y si lleva años intentándolo? ¿Y si está bajo tratamiento para ello? ¿Y
si no puede tenerlos? ¿Quiénes somos nosotros para hacer semejante pregunta?
¿Acaso somos submarinos para navegar sin permiso por los oscuros océanos de la
privacidad individual?
Pero claro, luego uno entra
en los foros sobre maternidad y se encuentra una auténtica paranoia por lograr de la manera más rápida el milagro de la vida con la que las
empresas farmacéuticas se frotan las manos. Test de ovulación, test de embarazo
ultrasensibles, tratamiento hormonales, intervenciones psicológicas y
quirúrgicas... Un imperio millonario que se aprovecha del deseo de las mujeres
de ser madres y a poder ser cuanto antes. Porque aunque la fertilidad y fecundación
no sean asuntos sencillos, tardar en el proceso, aunque sean unos meses, también está mal visto. Y quien tarda no sólo sufre el asedio de las preguntas control,
sino que encima tiene que aguantar desde "bromas inocentes" hasta
auténticas mofas y burlas.
Paradójicamente
este deseo extremo fomentado por deseo aliviar la presión social y cumplir con
la norma subjetiva no hace más que dificultar la tarea. No es ni por asomo
pequeño el porcentaje de mujeres que tienen problemas para concebir por la
presión psicológica que se ejerce desde fuera. Mujeres que a la larga son
atendidas en las unidades de salud mental por ansiedad, depresión e incluso
conductas suicidas.
Pero
la concepción bajo la norma subjetiva no sólo trae problemas fisiológicos y
psicológicos. Al contrario. También causa efectos indeseables tanto de manera
intraindividual, como interindividual y social.
Porque
cuando se tienen hijos porque toca, en lugar de porque realmente se desea, a
nivel individual renunciamos a otras metas o sueños para el cuidado de nuestros
retoños, lo que a la larga repercute notablemente en el estilo parental que
adoptemos, que finalmente influirá en el desarrollo de nuestro pequeño. Y estos
efectos no son nimios, a Baumrind me remito.
El estilo parental adoptado puede tener
consecuencias devastadoras para el niño que ha venido al mundo no por decisión
propia sino por la nuestra. Así en lugar de niños felices creamos desde
autómatas dependientes hasta pequeños tiranos. Luego siempre podemos echarle la
culpa al resto y el resto a nuestra incapacidad para ser padres, perpetuando
con ello el status quo de la norma
subjetiva.
Por
ello os invito a todos a que rompáis la rueda y le hagáis un favor al mundo:
Meteos en vuestra vida. Porque no sois nada ni nadie para exigir a los demás lo
que deben o no deben hacer, ni cuando, ni como, ni con quien y mucho menos
porqué.
Porque, todos y cada uno de nosotros, no somos más que seres subjetivos aferrados a
nuestros ideales y creencias que bajo ningún concepto tienen porqué ser ni las
más acertadas ni las más correctas. Y porque, nos cueste más o menos aceptarlo, por encima de la norma subjetiva están la libertad, los derechos y los sentimientos, aunque algunos hayáis olvidado que significan estos hermosos conceptos.
En
definitiva, la vida no es un conjunto de roles o expectativas que hay que
asumir sin dudar. No hay que obedecer a ninguna norma social sin base ni
fundamento y mucho menos a una que se ampara en una estúpida y arcaica cuestión
de género. La vida no es un
camino lineal y previamente establecido. Ante todo y como ya dijo en su día
Calderón de la Barca "La vida es un sueño".
Así que tanto si quieres ser
madre como si no puedes o no quieres… Olvídate de la norma subjetiva. Vive tu sueño.
Paula Xirasola.
