sábado, 27 de mayo de 2017

LO QUE LA VERDAD ESCONDE

"Hay verdades que resultan incómodas en casi todos los países y la respuesta de las diferentes sociedades a estos temas es tan consistente que desde la Antropología ya se habla de actitudes universales. Entre estos temas se halla el suicidio, una conducta que es mal vista por la gran mayoría de las culturas a excepción de alguna oriental. 

El suicidio está socialmente visto  como un acto de debilidad y cobardía. Por todo ello, las tasas de prevalencia e incidencia son difícilmente estimables. No obstante se estima que superan en un 50% el número de casos oficialmente declarados".

Así de impactante comenzaba un capítulo del temario de Evaluación en Psicología Clínica. Después se enumeraba una larga lista de factores implicados en la conducta suicida:  depresión severa, alteraciones en el circuito de la serotonina, sesgos cognitivos en la toma de decisiones, falta de habilidades sociales...

Lo sorprendente de todo esto es que salvo algun dato relativo a los factores  familiares e  interpersonales, todos los demás se centraban en la persona. Porque al parecer, cuando alguien se suicida es responsabilidad única y exclusivamente suya.

MENTIRA.Todos tenemos cierta responsabilidad ante el suicidio. 

Lo que la verdad esconde es que más del 80% de los adultos jóvenes que se suicidan han mostrado indicios de su propósito y han pasado desapercibidos por su entorno. Un entorno que luego encima tiene la cara de llamarle cobarde.

Porque volvemos a lo de siempre. Es probable que de alguna manera,  verbal o no verbal,  esta persona nos haya pedido ayuda. Pero es que nuestras gafas de Mr Wonderfull no nos permite ver más allá y queremos a los demás siempre y cuando no nos rompan la cabeza con sus problemas.

Nos hemos vuelto unos analfabetos emocionales. Y como la ignorancia es la madre del atrevimiento censurados toda expresión de afecto negativo y lo apartamos de nosotros como si fuera la peste negra.

Nuestra falta de asertividad y empatía nos lleva a relacionarnos con los demás con una idiosincrasia tan rígida y tan autorreferencial que a veces sin querer, y muchas veces queriendo, hacemos daño. 

Pero no nos vayan a culpar. Que quien se quita la vida lo hace por decisión suya, oiga. Todos somos santos cuando juzgamos los pecados ajenos. Por ello nos atrevemos a catalogar al suicida de cobarde, débil y otras tantas tonterías. Y no solo eso, le negamos el derecho a un entierro cristiano, le culpamos de haber dejado atrás familia, hijos, pareja, le quitamos peso a sus razones... Porque ¿cómo va a tener razones de peso?

Lo que la verdad esconde es que en realidad nosotros también apretamos el gatillo. Con nuestro rechazo hacemos sentir a los demás que no hay salida, negamos auxilio y ayuda a quien lo necesita, juzgamos y criminalizamos sin ponernos en su piel ni calzar sus zapatos. Y,  consciente o inconscientemente,   contribuimos a esa decisión de poner fin a su vida.

Así que espero que esta nota os sirva un poquito de autocrítica y que veáis más allá de vuestra realidad. Hay muchas personas que lo están pasando mal y que os necesitan.

NO LES DEIS LA ESPALDA
           



                             Poesía de Vanessa Glemsel

domingo, 14 de mayo de 2017

El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión.

Según la teoría de Aprendizaje Social de Albert Bandura, la mayor parte de la conducta humana se aprende por observación de modelos significativos de nuestro entorno. Por tanto, todo comportamiento se puede adquirir o modificar por medio de una experiencia social directa.

Es por ello que sería mejor que, en lugar de nacer con una barra de pan bajo el brazo, naciésemos con un espejo en la mano. Y no precisamente para autohalagarnos, sino para vernos a los ojos de vez en cuando y reflexionar con profundidad y franqueza sobre si realmente somos coherentes con nuestros actos.

Porque, cuando se trata de dar lecciones al resto estamos siempre dispuestos. El uso de expresiones como "tienes que" "debes" "no puedes" se ha convertido en algo tan natural y tan automático que parece que tenemos un manual de órdenes insertado en el cerebro. Pero estas pautas son pura idiosincrasia. Una prueba irrefutable de que somos tan arrogantes y soberbios que creemos que nuestra manera de hacer las cosas es siempre la mejor, la más adecuada y la más correcta.

Se nos da muy bien eso de ponernos en la piel del maestro que va dando lecciones de moral a los demás y, a la hora de la verdad, hacemos justamente aquello que tanto reprochamos al resto. Sea por A o por B, acabamos bebiendo de ese agua que juramos no beber.

Es entonces cuando nuestra falta de coherencia se vuelve tan visible y explícita que nos deja totalmente en evidencia. Le mostramos al mundo entero que no tenemos ninguna clase de criterio y nuestras palabras pierden su poder para causar el impacto deseado. Si acaso producen indiferencia en el mejor de los casos.

Pero, como siempre, los efectos más devastadores son los que no calculamos. Porque cualquiera que esté a nuestro alrededor puede aprender de nosotros, o más bien desaprender. Y no solamente reciben esos guiones distorsionados nuestros conocidos, sino también los desconocidos, ya sean adultos, adolescentes o niños.

Lo que hacemos viaja mucho más allá de nuestro microsistema y echa raíces como las hiedras en los lugares más insospechados. Y así se produce el gran efecto bola de nieve donde nuestro mal ejemplo es  trasmitido por observación, reforzado por ausencia de corrección y perpetuado por repetición. Quien sabe, tal vez mañana nos venga de vuelta y nos llevemos las manos a la cabeza.


El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión. Si quieres hacer algo por él deja a un lado tu faceta de juez y conviértete en un buen modelo


                                  Paula Xirasola

martes, 2 de mayo de 2017

Y SIN EMBARGO GIRA

En alguna parte leí que el ser humano es el único ser que nace indeterminado, que necesita de otros para evolucionar y sacar lo mejor de sí mismo.

Nacemos indeterminados sí, necesitamos de los otros porque el ser humano nace y vive en sociedad. Pero vivir en sociedad no significa que podamos sacar lo mejor de nosotros mismos, normalmente sucede justamente lo contrario. Debemos medir nuestros actos, nuestras palabras, nuestra conducta e incluso nuestro pensamiento si queremos seguir perteneciendo a la manada. Debemos ser tristes marionetas y no resistirnos a las manos de ese "ser misterioso" que maneja nuestras cuerdas. Es nuestra sociedad la que mueve los hilos, la que nos premia o reprime, la que nos desprestigia y no tiene en cuenta nuestra valía, dando por hecho que no podemos aspirar a más de lo que ella misma nos concede. Camina en la dirección que te impone y jamás serás la oveja descarriada.


Durante los primeros años de nuestra vida somos pura creatividad e ingenio, nadie frena nuestras ocurrencias sino que sonríen ante la gracia que les causa nuestra elocuencia. Pero eso solo sucede al principio.

A medida que nos hacemos mayores, nuestras ideas dejan de ser divertidas y parece que nuestro entorno se pone de acuerdo para calificar, los productos que nuestra mente fabrica sin cesar, de ideas peregrinas, ideas inalcanzables, ridículas, utópicas, erradas, banales, imposibles, equivocadas, impensables!

Crecemos asumiendo que no es bueno pensar en lo que “todo el mundo” cree que está mal, a pesar de que nadie tiene el poder o la sabiduría para designar qué es lo “normal” y mucho menos lo correcto.

Sin el apoyo y el reconocimiento social acabamos apagando muchas de las bombillas que se encienden en nuestras cabeza, nos avergonzamos de lo que nuestra mente concibe y finalmente lo rechazamos... o no lo hacemos pero lo calificamos de “imposible”.

El niño es feliz siendo niño y de mayor debe sufrir el juicio que se hace de todo cuánto piense o exprese. Que injusto castigo para quién ha nacido dotado de "una mente maravillosa", que triste es la vida si ya desde el colegio nos restan nuestras posibilidades de futuro al censurar aquello de lo que nos creemos capaz. ¿Es acaso ésto a lo que llamamos evolución?

Si tienes una idea primero debe pasar la criba de la opinión social y si lo consigue, tendrá que sobrevivir a las garras de la tortuosa burocracia para hacerse realidad. Solamente unos pocos tendrán la iniciativa de darle forma a su sueño y después seguir luchando para que perviva. Pero... ¿de qué sirve la iniciativa sin oportunidades?. Sin recursos las ideas se quedan en el cajón del olvido para acabar desapareciendo en el agujero de las cosas perdidas y de ahí ya no vuelve a salir.

Siempre estará la sociedad y sus etiquetas, armada de prejuicios e innumerables barreras, para recordar que esa no es la dirección a seguir hasta que ella lo indique. Muchos murieron antes de que fueran reconocidos sus méritos. 


Un viejo Galileo tuvo que abdicar de sus ideas y permanecer confinado hasta su muerte simplemente por pensar. "Y, sin embargo... gira" decía. Pero nadie le creyó y aunque hoy nos parece descabellada la posición inquisidora de los que lo privaron de su libertad, nada ha cambiado. Seguimos penalizando al que piensa, solamente hemos cambiado los tipos de castigo. Quién sabe, tal vez dentro de veinte años le demos la razón... Para entonces ya habrá cumplido su condena.

Pero ¿que sería del mundo, tal y como lo conocemos, si nunca alguien hubiese tenido una sola idea? ¿que sería si nadie se hubiese atrevido a llevarla a cabo aún a sabiendas de que iba en contra de la opinión del resto? Nadie en su sano juicio puede responder a tales preguntas pues todo lo que ha sido creado por hombre proviene de una hipótesis formulada en su cabeza. Entonces... ¿Porqué ponemos tantas piedras en el camino de aquel que piensa y crea?

El ser humano nace indeterminado, necesita de otros para evolucionar... Necesita de una sociedad que sepa admitir que hay pensamientos que caducan y otros que deben nacer para renovarse así misma. Una sociedad que acepte las diferencias y conciba la diversidad de pensamiento no como un crimen sino como diferentes puntos de vista que nos pueden acercar más a la realidad de nuestra existencia, a conocer todas las caras de la moneda y así poder resolver con mayor facilidad nuestros problemas. Una sociedad que brinde oportunidades a esas mentes maravillosas y desconocidas que habitan en cada rincón de nuestro planeta.

Todos formamos parte de esa sociedad y de la misma forma que luchamos para conservarla debemos luchar también para mejorarla. Todos tenemos ideas que dan vueltas y vueltas en nuestra cabeza y que pueden proporcionarnos un futuro mejor de forma individual e incluso colectiva... No renunciemos a nuestro pensamiento como el pobre Galileo. No vivamos con el “Y, sin embargo... gira” Sigamos adelante con nuestras ideas intentando darles forma y vida. 




                                                 Nunca dejéis de pensar.




lunes, 1 de mayo de 2017

DESPIERTA



Cierra los ojos. Te invito a que hagas un simple ejercicio de imaginación. Imagina que estás tumbado en tu cama y que despiertas de un sueño que ha durado toda tu vida y, de pronto, alguien anuncia que ha llegado tu hora. Si amigo, hoy vas a morir. En ese momento haces un repaso de tu vida y descubres que no has hecho absolutamente nada. No vas a dejar nada que sea totalmente tuyo. Dejaste que pasase el tiempo sin cambios, conformándote con una vida normal, un trabajo normal, un día a día lineal. Y eso es todo. Un cuadro gris, sin color. Mientras en tu interior se revolvían millones de ideas, gritándote, suplicándote que las dejaras salir, mostrándote en tu cabeza imágenes de todo aquello que podías llegar a ser si las escuchases. Pero te mantuviste inmóvil, de brazos cruzados.

Si hoy fueses a morir tal vez la presencia de ese final inmediato te haría recapacitar y sentirías culpa y tristeza, por haberte conformado cuando toda tu vida pensaste que eras especial, que tenías un don, tal vez como escritor, como profesor, como ingeniero, pintor, bombero, astronauta, informático, actor. Pero te conformaste con NADA.

Dime ¿Cuanto te pagaron para que renunciaras a tus sueños? ¿12 mil al año? ¿20 mil? ¿Unas vacaciones en Benidorm con la familia cada verano? ¿Y que ha sido de ti? O más bien ¿Qué has hecho por ti? Pasaste por la vida o más bien la vida pasó por ti olvidándote de quien eres y asumiendo constantes roles a raja tabla. Eres el hijo de tal, la mujer de cual, el trabajador de x empresa, un parado, estudiante, vecino, madre, amigo... Y fueron pocos los momentos, por no decir ninguno, en que fuiste consciente de que eras algo más que todo eso.


Cada uno de nosotros somos únicos pero cada uno de nosotros pierde una oportunidad en cada segundo, en cada minuto, en cada hora para serlo. Pueden parecerse a ti en tus gestos, o a ti en tus expresiones, o puede haber similitudes en opiniones, gustos, formas de ser. Se puede tener el mismo color de cabello pero, sin embargo, no brilla de la misma forma en una cabeza que en otra. 

No podemos ser idénticos. La propia naturaleza no lo permite. El ADN está capacitado para guardar la información, copiarla fielmente, pero también para permitir una cierta posibilidad de cambio... Y si no fuera así todavía andaríamos a cuatro patas y viviendo en cavernas. 

Entonces si es nuestra propia naturaleza la que busca ese cambio para evolucionar, si estamos configurados genéticamente para que no hayan dos personas idénticas en este mundo, ¿Porqué te conformas con esa vida normal, ese trabajo normal, ese día a día lineal y con pasar desapercibido lo máximo posible para mantenerte en tu ideal zona de confort? Esto sucede por dos razones. Primero, porque te has olvidado de quien eres, rechazando tu identidad y segundo, porque tienes MIEDO. Miedo de ser diferente, miedo de que te señalen por no estar dentro de lo que se considera “normal” sin haberte parado a pensar qué es lo que implica esa normalidad. Y si lo analizas con atención, la normalidad, no es más que un concepto. Un concepto totalmente vacío ¿Quien puede decir qué es lo normal? Nadie puede contestar, somos seres subjetivos, nuestra realidad no es más que una percepción, una combinación de la información de nuestros órganos sensoriales, mezclada con la experiencia previa en caso de haberla, sumada a la opinión que nos regalan todas las mañanas los medios de comunicación, asimilada de acuerdo a nuestros propios esquemas mentales y dependiente de la educación que hayamos recibido. Por tanto en este cóctel, de realidad, tangible, objetiva y pura hay más bien poco. Y aun así, tu quieres ser normal. Y te ríes o criticas al que se sale de ello mientras en tu cabeza dan vueltas esas ideas y esos anhelos de todo aquello que no haces para conservar tu posición relativa a la población en el medio de la campana de Gauss, nunca en los extremos.

¡Levántate! Mira a tu alrededor. Afortunadamente para ti ese día no ha llegado. Hoy no vas a morir. Así que es el momento de que despiertes, de que actúes y escuches esas voces en tu cabeza porque no hay nadie como tu en el universo, aunque ahora no lo creas. Explórate, navega por tu interior hasta dar con esa clave, la llave que abre las puertas de tus sueños, porque está dentro de ti, te lo aseguro. Todos tenemos un don especial, incluso tu. Así que atrévete a abrirte paso en la selva, por el camino te encontrarás millones de obstáculo pero debes seguir adelante. No dejes que pase el tiempo. Alimenta tu mente, aprende, ejercita tus habilidades y desarróllalas al máximo, construye tus propias alas y cuando estés preparado salta CON DECISIÓN. 

No tengas miedo, vuela de una vez por todas y reclama el sitio que te corresponde JUNTO A LAS ESTRELLAS.