jueves, 20 de abril de 2017

EL TABÚ DEL SIGLO XXI

En un mundo globalizado donde las fronteras se han abierto para los mercados pero no para las personas, los gobiernos hacen un esfuerzo titánico para mantenernos silenciados y catatónicos evitando que pensemos activamente para romper la rueda.

Es la era de la modernización,  del auge de las redes sociales y la expansión masiva de los medios de comunicación (o desinformación). Una era en la que paradójicamente estamos más conectados que nunca y a la vez más aislados que en cualquier tiempo pasado seguramente mejor. 

Numerosos tabús han perdido su encanto prohibido y privado y ya no se debaten en voz baja para el cuello de nuestra camisa. Se han vuelto públicos, se comercializan en cada esquina virtual como la corrupción, el fascismo, la pederastia, la sexualización de la mujer cada vez a edades más tempranas....  

Hoy todo parece ser digno de ser hablado, comentado, debatido y cuestionado. Incluso los temas más indeseables como los señalados.

La libertad de expresión ha superado sus limitaciones para casi todos los asuntos menos para las emociones negativas. Ellas, que lejos de ser tan malas como las pintan y que, salvo en formas muy extremas, tienen una clara función adaptativa, se han convertido en el tabú del siglo XXI. 

Porque dentro de este cóctel de superficial consumismo que ha embriagado a la sociedad entera, todo tiene que ser bonito, maravilloso y perfecto.

Tenemos que ser por obligación felices y dejar constancia de ello mostrando al mundo entero que comemos, compramos o hacemos siempre bajo un mensaje en positivo, no vaya a ser que por expresar aquello que nos disgusta se nos excluya de este nuestro rebaño de felices borregos. 

La felicidad toma muchas formas a través de fotos, me gustas y retwits. El nuevo tabú del siglo XXI ha sido excluido de los anuncios publicitarios, de las películas e incluso de los libros. Nadie quiere hablar de esa peste negra que parecen ser las emociones negativas. No queremos saber que es la ira, la desilusión, la decepción, la tristeza, la rabia, el duelo y mucho menos queremos saber de esa epidemia llamada depresión, no vaya a ser el caso que por escuchar a una persona que está pasando por este proceso "nos contagie algo". 


Y lejos de mostrar nuestro lado humano y ser un ejemplo de modelo prosocial aunque solamente fuera por eso, por dar ejemplo, condenamos a estas personas al ostracismo, silenciamos sus sentimientos, las ignoramos y rechazamos hasta que consigan por ellas mismas volver a ser felices. Entonces y sólo entonces les permitiremos regresar para comer perdices junto al resto.

Si, la era de la modernización, dicen. Más bien es la era de la involución, de la superficialidad, de la individualización, del egoísmo y de la decadencia.

Pero todo tiene un fin que justifica los medios. Porque aunque queramos convencernos de lo contrario, no hemos elegido nosotros convertirnos en marionetas sonrientes  Mr Wonderfull las 24 horas del día. 

En realidad todo forma parte de una estrategia perfecta diseñada en un despacho de peces gordos sin escrúpulos y lanzada con acierto al mundo a través de la poderosa onda expansiva de los medios de comunicación y de las redes sociales que tanto nos gustan. Han creado tendencia, les ha funcionado y además les conviene.

Porque bajo esta moda del buenrollismo ¿como vamos a perder nuestro tiempo pensando en el sufrimiento ajeno? ¿En serio nos vamos a preocupar por los refugiados? ¿Se nos revolverá la conciencia con la explotación infantil de nuestras marcas de ropa favoritas en los países en desarrollo? Y ya sin ir tan lejos ¿acaso nos preocupará la violencia machista,? ¿la pérdida de bienestar social de nuestro país ? ¿Pensaremos acaso en que cada día tenemos menos derechos como sociedad colectiva? ¿Nos uniremos por todas estas causas y haremos algo?

No. No haremos nada porque hemos sido completamente deshumanizados. 

Si no nos preocupa ni lo más mínimo lo que le pasa a aquellos que tenemos más cerca, esa unidad básica de interrelación de nuestro microsistema, cómo vamos a ser capaces de desarrollar una conciencia de sociedad en conjunto que deba resolver los mismos problemas que aquel que padece depresión: encontrar los recursos necesarios para poder hacer frente a una situación que le supera.

Todo sería más fácil, claro está, a modo de fuenteovejuna, yendo todos juntos a la una. Pero nos han convertido en máquinas sin corazón, autómatas sin sentimientos ni empatía que viven cada día mirando hacia otro lado mientras ponen la mejilla. 

Eso sí, siempre con una bonita, maravillosa y perfecta sonrisa 

                                          Paula Xirasola

9 comentarios:

  1. Me encanta lo bien que escribes y como te expresas. Pero mejor es oírlo con tu voz (de actriz de doblaje). No cabe duda en que todo lo que dices es cierto. La tristeza y el dolor forma parte de la vida igual que la felicidad y la alegría. Son emociones igual de humanas y así deben de vivirse. Cuando hice las prácticas de la carrera a principios de curso, me pidieron hacer una charla, yo elegí hablar sobre la terapia de aceptación y compromiso, y creo que está totalmente de acuerdo con lo que escribes. Por mi parte mucha suerte en tu blog, te irá bien seguro, no te conozco mucho pero creo que eres una persona sensata y buena. Algo muy necesitado en nuestra sociedad l.

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    1. Gracias María por tu comentario. Las emociones negativas realmente son necesarias pero por desgracia hoy no se puede hablar de ellas. Y luego la gente se lleva las manos a la cabeza con las cosas que pasan... Pero creo que aún no está todo perdido. Como decía Jung lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma así que empecemos a aceptar que la realidad es precisamente perfecta por no ser perfecta

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  2. Esta tarde, venía yo reflexionando sobre algo similar, creo, en relación con la idea de la enfermedad y la muerte. Hemos asumido que nos morimos, siempre y solo, de enfermedades físicas, como el cáncer, luchamos, investigamos, nos ponemos lacitos y consideramos víctimas heroicas a quienes sufren estas dolencias. Y está bien.
    Pero no hay otros enfermos invisibles que mueren en vida y de los que sentimos más miedo o rechazo que compasión o empatía: los enfermos mentales.
    Las personas con trastornos mentales, graves o leves, no existen. Nadie los menciona, nadie los conoce, no hay campañas para prevenir la depresión, combatir el estrés , controlar la ira...

    El gran reto médico, y humano, del siglo XXI es la mente.
    Lo decía Rojas Marcos, volviendo al tema de esta absurda felicidad impostada, vivimos en una sociedad "psicológizada", es decir un mundo en el que no se nos permite frustrarnos, pasar el duelo, llorar la pérdida y eso... ¿adivinen?, No es saludable, precisamente.
    No soy experta, es mi opinión como lega, espero no haber dicho muchas bobadas!!!

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    1. Lo que dices Bea, no es en absoluto una tontería y tiene mucho pero mucho que ver con lo que estamos hablando. Gracias por tu aportación brillante y coherente.

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  3. En un libro encontré algo que me inspiró bastante durante las prácticas presenciales que realicé hace unos meses en el Grado de Psicología. Concretamente decia: " a un paciente no hay que decirle que al final de la intervención encontrará la felicidad, la terapia no trata de eso, lo que tiene que ver es que es capaz de volver a coger las riendas de su vida. Eso es lo que hará que luche, que viva, que sufra si tiene que hacerlo, que disfrute de sus buenos momentos si los hay, que comparta y que sienta que es él, y no otra cosa, el que dirige su vida. Entonces,sentirá satisfacción y no eso que la sociedad vende como felicidad." Hoy comparto esto contigo Paula porque, además de escribir de maravilla, sé que con ello sientes satisfacción y además haces que los que te leemos reflexionemos sobre cosas importantes y que tengamos bien cogidas las riendas de nuestra vida. Gracias compañera.

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  4. Te has superado con creces, es lo mejor que he leído desde hace tiempo 😉

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  5. Cuando era pequeña, mi madre siempre me decía que hay que estar bien, que tenía que disimular delante de la gente si me encontraba mal y estaba triste. Nunca lo hice, quiero ejercer mi derecho a estar mal y demostrarlo, y a quien no le guste que no mire. Tendemos a desprestigiar a menciones tan básicas como la tristeza, y a ensalzar la alegría como si fuera lo único que tenemos premitido. Me ha encantado tu reflexión y estoy de acuerdo en todo lo que dices, mirar a otro lado, es lo que nos han enseñado. Un beso Paula!!!

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  6. Guau, genial expresado. Tienes mas razón...estanos en una sociedad q decir q estamos mal psicológicamente, de bajon, con depresión... Está mal visto... Enhorabuena neniña x este relato

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  7. Estoy bastante de acuerdo con tus palabras... Sólo una cosita: es Mr. Wonderful (con una "l") ��

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