Hay pastillas para el duelo, para el divorcio, para el acoso, para el maltrato, para la pobreza. Pastillas para no pensar, para no protestar, para volvernos sumisos ante la incompetencia de las instituciones que se empeñan en no asumir y corregir errores, limitándose a recetar pastillas y más pastillas. Recetas de talla única que lo mismo valen para un roto que para un descosido y que se dispensan a la ligera perpetuando por la fuerza de la química los problemas.
Pero las pastillas no son la solución. Muchas veces, además, son otro problema añadido. Porque aunque inicialmente los fármacos sean como una especie de venda en los ojos que nos impida ver la piedra mientras nuestros neurotransmisores recuperan las fuerzas, cuando nos quiten esa venda el problema seguirá ahí, justo donde lo dejamos. Lo más adecuado sería entonces que, en lugar de simplemente doparnos hasta las cejas, además nos ayudaran a superar ese obstáculo.
Sin embargo, no hay que olvidar que ninguno de nosotros vive aislado como Robinson Crusoe sino que estamos inmersos en un conjunto mucho más amplio, vivimos en sociedad, lo que significa que estamos en constante interacción unos con otros. Por tanto, en lugar de señalar únicamente a la persona como el objetivo del desajuste a tratar, deberíamos prestar atención al contexto en el que vive, es decir el ambiente que le rodea. Así veríamos que en realidad, en la mayoría de las ocasiones lo que estamos haciendo es medicalizar la violencia estructural.
Según Johan Galtung la violencia es como un iceberg, sólo es visible una pequeña parte de ella. Erradicar su existencia supone actuar en todos sus tipos. La violencia directa, que todos conocemos porque es la más visible: Pegar, maltratar física o verbalmente...La violencia cultural, que se concreta en actitudes como el racismo, la xenofobia, el machismo... Y por último la peor todas: la violencia estructural, que se centra en el conjunto de estructuras que no permiten la satisfacción de las necesidades básicas humanas. Ejemplos de este tipo de violencia sería la pobreza, los efectos de la globalizaión y las políticas neoliberales. Es la más dañina porque es muy complicado identificarla y resulta difícil sino imposible luchar contra ella. Por ejemplo aquí en Europa recordamos el exterminio nazi y lo catalogamos sin dudar como violencia. Sin embargo no identificamos violencia en el autoritarismo económico de Merkel porque no mata a la gente en cámaras de gas pero obliga a los gobiernos a realizar ajustes estructurales que afectan enormemente a su calidad de vida y su bienestar social. Es una violencia más sutil, más invisible. Es violencia estructural.
Parece claro entonces que para luchar contra cualquier tipo de violencia, especialmente contra ésta última, se requiere como mínimo, de una intervención psicosocial para erradicar desde su origen todas sus formas. Sin embargo los gobiernos y las grandes instituciones parecen no estar muy de acuerdo con esta perspectiva y han decidido optar por el camino contrario, aplicando cuidados paliativos a las consecuencias en lugar de centrarse en las causas, ya que resulta mucho más cómodo y más productivo refugiarse en el santo grial de la industria farmacéutica.
No conviene tener contento y feliz al ciudadano de a pie, ya que los impuestos que paga, a pesar de suponer un gran esfuerzo por su parte teniendo en cuenta la precariedad salarial existente, no representan ni el 1% del margen de beneficios que reportan todas las empresas.
Por ello los gobiernos, les permiten campar a sus anchas y hacer lo que les venga en gana (recortes, bajadas y congelaciones de sueldo, jornadas laborales extratosféricas) y condenan a sus ciudadanos a vivir sometidos en ambientes laborales puramente tóxicos y a sobrevivir a base de pastillas subvencionadas.
Con semejante panorama resulta obvio deducir que muchos, si no la mayoría, de los problemas de ansiedad, depresión, estrés, hipertensión y otras dolencias no tienen un origen personal sino más bien societal y que por tanto, no sólo son necesarias sino además imprescindibles políticas que sancionen la prácticas abusivas que realizan las empresas, instituciones, gobiernos u organizaciones contra la población mundial entera y que fomenten la restauración del ya perdido e idílico estado de bienestar.
A pesar de todo y por desgracia, los efectos aletargantes de los fármacos también han llegado a las urnas y hoy por hoy, en lugar de hacer algo al respecto, seguimos de brazos cruzados perpetuando la violencia estructural.
A pesar de todo y por desgracia, los efectos aletargantes de los fármacos también han llegado a las urnas y hoy por hoy, en lugar de hacer algo al respecto, seguimos de brazos cruzados perpetuando la violencia estructural.
Paula Xirasola.

La inmensa mayoría de la población somos cobayas de unos pocos que nos controlan.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo contigo.
Me ha encantado esta nota. Lo cierto es que no tenía ni idea de esa distinción entre los tres tipos de violencia pero me parece genial que hagas referencia a cada tipo... El ejemplo de Merkel esto todo un clásico tuyo... Pero hasta ahora no lo había entendido como debiera. Ahora que si lo entiendo... se me vienen a la cabeza millones de casos de violencia estructural. La verdad es que está bien que alguien escriba sobre todo esto. Nos haces pensar Paula!!!!
ResponderEliminarPaula! Eres increíble, sabes poner en palabras aquello que llevo años intuyendo e intentando comprender. El uso de las nuevas tecnologías también puede contribuir a ese aletargamiento del que hablas. Pues tenemos tal sobrecarga de información que ya no sabemos cuáles son los objetivos prioritarios, ni qué hacer. Vas a llegar tan lejos como te propongas. Lo sé. Muchos besos
ResponderEliminarMe suelo sentir identificada con tus reflexiones , pero en esta mas. Porque lo he vivido de primera,estar drogada con antidepresivos (fluoetina) y orfidales recetados con el motivo del suicidio de mi madre. Que no supo adaptarse a este mundo tan cambiante ,hostil y que ya no da muchas oportunidades. La parte economica estaba y esta muy presente en mi vida . Antes tambien habia crisis y conflictos belicos ciclicos. En el 92 hubo una crisis fuerte,ni lo sabia ,no habia nacido , pero habia oportunidades. Si venias de una familia humilde ,podias estudiar y salir adelante,hoy en dia es mucho mas complicado.se nos exige mucho, las oposiciones. La precariedad esta muy presente y desafortunadamente , nos imponen que tanto tienes tanto vales. Una involucion total. Espero ver mas post tuyos.
ResponderEliminarUna roble,Andrea