sábado, 22 de abril de 2017

Programa de Razón Fija de Etiquetado.


En nuestro día a día tenemos que atender a millones de estímulos para poder funcionar de manera adaptativa con nuestro entorno. Sin embargo, a pesar de que procesamos infinitas unidades de información de manera consciente, no significa que nos demos cuenta de todas. Nuestro cerebro sólo nos muestra el titular de la noticia y algunos datos que considera relevantes pero éstos no son, en ningún caso, el relato de la noticia entera. En otras palabras, categorizamos la información relevante en grupos de elementos con características comunes para que nos sirvan de atajos. 

La categorización nos ahorra tiempo y esfuerzo cognitivo que podemos emplear en otros quehaceres. Es una función realmente productiva y eficaz para desenvolvernos en el medio con soltura. Sin embargo, no está libre de errores y en muchas ocasiones produce juicios sesgados y subjetivos que más que acercarnos a la realidad, nos alejan de ella.

Y en ese conocimiento categorizado y sesgado, además de información sobre objetos y sucesos también se incluye aquello que sabemos de las personas que nos rodean. Nadie puede afirmar con contundencia que conoce a alguien en total y absoluta profundidad. Sabemos de los demás una ínfima parte de sus características, de su existencia y de su vida. Con estos mínimos datos nos hacemos una idea general de lo que representan.

Como seres humanos que somos nos cuesta mucho aceptar la información que contradice nuestras ideas y aceptamos sin dudar aquella que las avala. Y cada vez que tenemos un conflicto interpersonal por disonancia de perspectivas, a fin de resolver la tensión generada nos embaucamos en una búsqueda activa y exhaustiva de nueva información que confirme nuestras creencias preconcebidas. Así llegamos a San Google, al que hemos catalogado también como el gran erudito y poseedor del conocimiento absoluto de todos los tiempos, para que nos aporte esa información que protegerá nuestra autoestima al devolvernos un feedback acorde con nuestras expectativas. No queremos admitir que tal vez unos y otros nos hayamos equivocado. Queremos tener la razón. Queremos encontrar la manera de confirmar que nosotros somos los buenos y el resto los malos, y no hay como San Google para encontrar lo que necesitamos.

Quizás por ello se hayan puesto de moda todas esas páginas de psicología barata que la gente visita como si de una enciclopedia empírica y veraz se tratara. En menos de cuatro líneas ya somos todos unos expertos en analizar y detectar los perfiles de personas tóxicas, maltratadores, asesinos y otras célebres bestias. 

Y compartimos, claro que compartimos. Porque nos gusta alimentarnos de esa información concreta y simple para así movernos por el mundo de una manera más fina y segura. Prejuzgando a diestro y siniestro, lanzando granadas a uno y tocando de paso a varios, por si acaso. Nos encanta sentirnos superiores y creer que controlamos todos los hilos con nuestras propias manos. 

Pero en realidad no somos más que ratas de laboratorio sometidas a un programa de razón fija de etiquetado, a las que nos plantan una lista de rasgos delante y una palanca que presionamos a lo loco para obtener un subidón de autoestima como refuerzo inmediato. Nos guste más o menos, somos así de básicos. 

Porque,  si fuésemos más objetivos nuestro mundo sería mucho más complicado y menos intuitivo. Utilizando un poquito el pensamiento crítico no tardaríamos en darnos cuenta de que no existen dos personas iguales, ni rasgos completos, ni patrones rígidos. Que no hay buenos o malos, ni verdades absolutas, ni negros o blancos. La realidad está llena de matices. 


Pero lo cierto es que nos va el reduccionismo, tanto como la comida basura porque es rápido, sencillo y práctico. Tal vez a largo plazo tenga consecuencias mucho más negativas que sus beneficios inmediatos, pero hoy es hoy y para mañana todavía falta demasiado.

Y así nos pasamos la vida catalogando, etiquetando y haciendo daño. Porque cuando encasillamos a una persona dentro de una categoría negativa no solamente la estamos insultando sino que además le estamos negando su condición como persona individual, única, particular e irrepetible. Y lo que es peor, la señalamos ante el mundo como poseedora de una cualidad despectiva impuesta por nuestro propio juicio sesgado que tarde o temprano la acabará sepultando. No es fácil levantarse de la tumba con semejante experiencia, y menos aún si es repetida, temprana y duradera. Pero lo nuestro no es ver las cosas desde otra perspectiva, no es analizar las consecuencias, no es preocuparse por la vida de nadie salvo de la nuestra... La empatía que la tengan con nosotros, pero que no nos la pidan.

Porque ya no pensamos. Abusamos de la categorización extrema. Como ratas de laboratorio en un programa de razón fija de etiquetado que solo esperan su recompensa. 

                                      Paula Xirasola


5 comentarios:

  1. Paulita returns y con un blog de reflexión!!! Que grande eres amiga... Y cuantas verdades sueltas con esa plumita. Yo no soy muy entendido en psicología pero es cierto... Nos pasamos de vueltas etiquetando a gente.
    Saludos guapetona.

    Xavier. L

    ResponderEliminar
  2. Que bien te explicas.Gracias por rus reflexiones y por abrirnos la mente.Solemos juzgar a las personas por su apariencia sin conicerla.Lo importante es que nos demos cuenta de que estamos juzgando y nos paremos a pensar:Pero si no conozco a esa persona ni sé cómo ha sido su vida.Como decía Anthony Rapp :Las etiquetas son para las latas, no para las personas". Gracias Paula por tus interesantes reflexiones. María

    ResponderEliminar
  3. Qué asociaciones tan estupendas y qué tristeza y amargura causan. No dejes de escribir para hacernos reflexionar y que podamos mejorar, aunque solo sea un poquito, para conseguir un mundo mejor. En palabras de un Grande: "El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive", y tú con tu pluma ya lo sabes, para transmitir coherencia, pura sensibilidad y amor a este mundo de humanos tan deshumanizado.
    Rosa María.

    ResponderEliminar
  4. No se como lo haces quilla... yo por más horas que meto en los estudios no saco estas relaciones ni jarto de na. Enhorabuena!!! Como siempre nuestra roble excepcional dando el do de pecho con sus reflexiones!!! Mu grande nuestra Xirasola!!!! Yo podré decir que me gradué contigo!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  5. Sii,los estigmas nos los imponen,es muy facil caer.
    Enhorabiena robli
    Andrea

    ResponderEliminar