Según la teoría de Aprendizaje Social de Albert Bandura, la mayor parte de la conducta humana se aprende por observación de modelos significativos de nuestro entorno. Por tanto, todo comportamiento se puede adquirir o modificar por medio de una experiencia social directa.
Es por ello que sería mejor que, en lugar de nacer con una barra de pan bajo el brazo, naciésemos con un espejo en la mano. Y no precisamente para autohalagarnos, sino para vernos a los ojos de vez en cuando y reflexionar con profundidad y franqueza sobre si realmente somos coherentes con nuestros actos.
Porque, cuando se trata de dar lecciones al resto estamos siempre dispuestos. El uso de expresiones como "tienes que" "debes" "no puedes" se ha convertido en algo tan natural y tan automático que parece que tenemos un manual de órdenes insertado en el cerebro. Pero estas pautas son pura idiosincrasia. Una prueba irrefutable de que somos tan arrogantes y soberbios que creemos que nuestra manera de hacer las cosas es siempre la mejor, la más adecuada y la más correcta.
Se nos da muy bien eso de ponernos en la piel del maestro que va dando lecciones de moral a los demás y, a la hora de la verdad, hacemos justamente aquello que tanto reprochamos al resto. Sea por A o por B, acabamos bebiendo de ese agua que juramos no beber.
Se nos da muy bien eso de ponernos en la piel del maestro que va dando lecciones de moral a los demás y, a la hora de la verdad, hacemos justamente aquello que tanto reprochamos al resto. Sea por A o por B, acabamos bebiendo de ese agua que juramos no beber.
Es entonces cuando nuestra falta de coherencia se vuelve tan visible y explícita que nos deja totalmente en evidencia. Le mostramos al mundo entero que no tenemos ninguna clase de criterio y nuestras palabras pierden su poder para causar el impacto deseado. Si acaso producen indiferencia en el mejor de los casos.
Pero, como siempre, los efectos más devastadores son los que no calculamos. Porque cualquiera que esté a nuestro alrededor puede aprender de nosotros, o más bien desaprender. Y no solamente reciben esos guiones distorsionados nuestros conocidos, sino también los desconocidos, ya sean adultos, adolescentes o niños.
Lo que hacemos viaja mucho más allá de nuestro microsistema y echa raíces como las hiedras en los lugares más insospechados. Y así se produce el gran efecto bola de nieve donde nuestro mal ejemplo es trasmitido por observación, reforzado por ausencia de corrección y perpetuado por repetición. Quien sabe, tal vez mañana nos venga de vuelta y nos llevemos las manos a la cabeza.
Lo que hacemos viaja mucho más allá de nuestro microsistema y echa raíces como las hiedras en los lugares más insospechados. Y así se produce el gran efecto bola de nieve donde nuestro mal ejemplo es trasmitido por observación, reforzado por ausencia de corrección y perpetuado por repetición. Quien sabe, tal vez mañana nos venga de vuelta y nos llevemos las manos a la cabeza.

cada día tengo más claro que como psicóloga no vas a tener precio. Te espera un futuro brillante. Enhorabuena por esta entrada. Como siempre soltando verdades como templos.
ResponderEliminarSaludos Paulita
Grande!!!!! Que razón tienes, cuantas veces me han dicho a mi lo que puedo y no puedo hacer y luego ellos hacen lo mismo que dijeron que yo no podía. Repito: Algun dia diré que yo me gradué contigo.
ResponderEliminarEsta entrada a pesar de breve ha sido tan explícita que me ha hecho pensar mucho. ¿Realmente somos conscientes de lo incoherentes que somos? ¿Porqué nos metemos tanto en lo que no nos incumbe? ¿Será por todo esto que la crítica sea el deporte nacional? ¿Que hay detrás de nuestras intenciones? ¿Ganas de construir o destruir?
ResponderEliminarno dejes nunca de escribir Paula. Algunos agradecemos cada palabra tuya.
Xavi. L
Gran verdad! Ojalá sirva para que las personas puedan dedicar aunque se aun minuto a pensar sobre ello, solo con eso ya mejorarían las cosas...
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