domingo, 9 de julio de 2017

CONCEPCIÓN COMO NORMA SUBJETIVA


La norma subjetiva es la percepción sobre las presiones sociales para realizar una determinada conducta e incluye, tanto la percepción de las creencias conductuales que las personas relevantes poseen acerca de si se debe o no realizar una acción, como la motivación del individuo en satisfacer las expectativas de estos. Los referentes pueden ser desde un individuo que resulte relevante para la persona, hasta un grupo social, una comunidad, etc. El incumplimiento de las normas subjetivas no implica una sanción institucionalizada,  pero si conlleva algún tipo de recriminación o reproche social.

Nos guste más o menos la norma subjetiva ejerce un gran poder en nuestras decisiones,  presionándonos socialmente para que cumplamos con una serie de hitos que se consideran normativos para cada edad, como estudiar, independizarse, encontrar un trabajo estable, casarse, tener hijos... Cuando no se siguen estos pasos según lo sugerido por nuestra sociedad,  o no se alcanzan determinados logros de forma voluntaria, el entorno nos presiona para que, de una manera u otra, tomemos el camino que con tanto esfuerzo han construido Disney, la Iglesia y nuestro primitivo sistema educativo.

Toda esta presión se manifiesta en una serie de preguntas control que hacemos a los demás para verificar si efectivamente han cumplido con lo previsto. Así, cuando uno se independiza la retahíla de preguntas absurdas comienza a quebrantar esa libertad recién adquirida "¿y para cuando el novio? ¿Y para cuando la boda? ¿Y para cuando los hijos?" Todas estas preguntas sin duda son incómodas, pero la última es especialmente dañina para una mujer.

En primer lugar porque le niega el derecho básico de su libertad de elección. Se asume implícita y explícitamente que, por el hecho de ser mujer, una debe desear ser madre y quien no lo desea es menos mujer. Esto sin duda es una auténtica falacia. Una mujer no deja de ser mujer por no desear ser madre. Una mujer,  ante todo,  es una persona individual que tiene el mismo derecho que su homólogo del sexo opuesto a decidir lo que desea y no desea en su vida. Sin embargo cuando una mujer manifiesta su deseo de no tener hijos es visto en ella,  no así en el hombre,  como algo contra natura. La discriminación hacia la mujer empieza aquí, desde el eslabón más básico. Su género. 

¿Dónde está escrito que para ser mujer hay que ser madre? En ninguna parte. Como tampoco está escrito que debemos ser guapas, presumidas y delgadas, pero este tema lo dejaremos para otro día.

En segundo lugar y no por ello menos importante, la pregunta de por si entraña una crueldad intolerable hacia aquellas mujeres que, aun deseando ser madres,  no lo consiguen. Pero en esta realidad, que es mucho más amplia de lo que creemos,  nadie piensa. Así justificamos nuestra inocencia al inmiscuirnos en lo que no nos concierne cuando en realidad estamos clavando un cuchillo en las entrañas de una persona de la que probablemente no sepamos absolutamente nada. ¿Y si lleva años intentándolo? ¿Y si está bajo tratamiento para ello? ¿Y si no puede tenerlos? ¿Quiénes somos nosotros para hacer semejante pregunta? ¿Acaso somos submarinos para navegar sin permiso por los oscuros océanos de la privacidad individual?

          Pero claro, luego uno entra en los foros sobre maternidad y se encuentra una auténtica paranoia por lograr de la manera más rápida el milagro de la vida con la que las empresas farmacéuticas se frotan las manos. Test de ovulación, test de embarazo ultrasensibles, tratamiento hormonales, intervenciones psicológicas y quirúrgicas... Un imperio millonario que se aprovecha del deseo de las mujeres de ser madres y a poder ser cuanto antes. Porque aunque la fertilidad y fecundación no sean asuntos sencillos, tardar en el proceso, aunque sean unos meses,  también está mal visto. Y quien tarda no sólo sufre el asedio de las preguntas control, sino que encima tiene que aguantar desde "bromas inocentes" hasta auténticas mofas y burlas.

Paradójicamente este deseo extremo fomentado por deseo aliviar la presión social y cumplir con la norma subjetiva no hace más que dificultar la tarea. No es ni por asomo pequeño el porcentaje de mujeres que tienen problemas para concebir por la presión psicológica que se ejerce desde fuera. Mujeres que a la larga son atendidas en las unidades de salud mental por ansiedad, depresión e incluso conductas suicidas.

Pero la concepción bajo la norma subjetiva no sólo trae problemas fisiológicos y psicológicos. Al contrario. También causa efectos indeseables tanto de manera intraindividual, como interindividual y social.

Porque cuando se tienen hijos porque toca,  en lugar de porque realmente se desea,  a nivel individual renunciamos a otras metas o sueños para el cuidado de nuestros retoños, lo que a la larga repercute notablemente en el estilo parental que adoptemos,  que finalmente influirá en el desarrollo de nuestro pequeño. Y estos efectos no son nimios, a Baumrind me remito. 

El estilo parental adoptado puede tener consecuencias devastadoras para el niño que ha venido al mundo no por decisión propia sino por la nuestra. Así en lugar de niños felices creamos desde autómatas dependientes hasta pequeños tiranos. Luego siempre podemos echarle la culpa al resto y el resto a nuestra incapacidad para ser padres, perpetuando con ello el status quo de la norma subjetiva.

Por ello os invito a todos a que rompáis la rueda y le hagáis un favor al mundo: Meteos en vuestra vida. Porque no sois nada ni nadie para exigir a los demás lo que deben o no deben hacer, ni cuando, ni como, ni con quien y mucho menos porqué.

Porque, todos y cada uno de nosotros, no somos más que seres subjetivos aferrados a nuestros ideales y creencias que bajo ningún concepto tienen porqué ser ni las más acertadas ni las más correctas. Y porque, nos cueste más o menos aceptarlo, por encima de la norma subjetiva están la libertad, los derechos y los sentimientos, aunque algunos hayáis olvidado que significan estos hermosos conceptos.

En definitiva, la vida no es un conjunto de roles o expectativas que hay que asumir sin dudar. No hay que obedecer a ninguna norma social sin base ni fundamento y mucho menos a una que se ampara en una estúpida y arcaica cuestión de género. La vida no es un camino lineal y previamente establecido. Ante todo y como ya dijo en su día Calderón de la Barca "La vida es un sueño". 

Así que tanto si quieres ser madre como si no puedes o no quieres… Olvídate de la norma subjetiva. Vive tu sueño.

                                                    Paula Xirasola.






















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